Una de las cosas esenciales de nuestra condición humana es soportar la
burocracia. Tenemos que confirmar permanentemente lo que somos, como si no lo fuéramos. Hasta la vida. Por ejemplo, para cobrar la pensión, mi abuelita tiene que sacar cada tres meses un
certificado donde consta que sigue viva. Y estas cosas tan normales, a mí me parecen insólitas. Y tristes.
Analizaba eso mientras hacía fila en la oficina de
migraciones, seis meses después de haber pedido la cita por internet, como constaba en una hojita electrónica que decía el día, la hora y los requisitos para presentarme. Repasé la documentación: certificado de domicilio,certificado judicial argentino, certificado judicial colombiano, certificado del certificado judicial colombiano, foto de fondo azul,
pasaporte, fotocopias. Bien, estaba a tiempo y con todos los papeles, tal como decía la hojita. Hey, un momento.
Glup. ¡No traje la hojita!