Después de lo que me pasó, camino por
Buenos Aires poniendo mucha atención, mirando a todas partes, para evitar encontrarme con la
policía.
Iba caminando muy orondo por la
Avenida Independencia, respirando la brisa fresca del invierno. En la esquina con la calle
Yapeyú me detuvieron dos hombres, de civil, altos y gordos. Uno de ellos sacó una identificación amarilla, como la que cualquiera pudiera escanear e imprimir en la casa. “Policía Federal. Documento”. Ay dios. Saqué la cédula colombiana, que me retuvieron. Me rodearon y me miraron fijamente. “Vos vas a ser testigo de un allanamiento. Acompañanos”.